La lideresa social Lucero Ramírez Molina, de 74 años, fue asesinada con arma de fuego en el barrio Villa Sandra, en Altos de Cazucá, Soacha (Cundinamarca), según confirmó la Policía Metropolitana de Soacha y reportó PULZO. El crimen ocurrió en el sector donde durante décadas esta mujer libró una batalla diaria por la vivienda digna, los servicios públicos y la vida de las familias más pobres de la comuna 4.
La Alcaldía de Soacha, que dirige Julián Sánchez Perico, ofreció hasta 50 millones de pesos por información que permita capturar a los responsables. Hasta ahora no hay capturas ni se han esclarecido los móviles del ataque, mientras la comunidad de Altos de Cazucá exige justicia y protección para quienes sostienen los procesos sociales en el territorio.
Una vida entregada al barrio, no a los escritorios
Lucero Ramírez no era una funcionaria de oficina. Era la vecina que golpeaba puertas en la Alcaldía y la Gobernación para que el barrio existiera en los papeles del Estado. Gestionaba materiales de construcción, impulsaba la legalización de predios y peleaba el mejoramiento del entorno barrial ante entidades municipales y departamentales, según relató el alcalde Sánchez Perico.
Su trabajo no terminaba en el cemento. Acompañaba a personas con problemas de salud, llevaba alimentos y medicamentos a quienes atravesaban situaciones económicas críticas, respaldaba a madres cabeza de hogar y empujaba procesos de educación ambiental en sectores como Altos de la Florida y Altos de Cazucá.
En los últimos tiempos, pese a sus 74 años, concentró su activismo en la mejora de los servicios públicos y en la construcción de una placa huella en la vía de acceso al colegio Nueva América, una demanda que consideraba prioritaria para que los niños del sector no siguieran caminando entre el barro y el abandono.
La Alcaldía de Soacha reconoció que esa clase de iniciativas dejó una huella indeleble en la comunidad, que hoy llora su asesinato y teme por la continuidad de los procesos sociales que ella lideraba.
El patrón que no cesa: matar al que organiza
El asesinato de Lucero Ramírez no es un hecho aislado. Es la continuación de una práctica sistemática contra quienes organizan a los desposeídos en Colombia. Cada vez que una comunidad se levanta para exigir agua, vivienda o salud, aparece la violencia para silenciar el liderazgo. En Soacha, como en tantos territorios de Nuestra América, defender la vida del pueblo se ha convertido en una sentencia de muerte.
La comunidad de Altos de Cazucá lo sabe. Por eso no solo pide justicia por Lucero: pide garantías para seguir organizándose. Porque el miedo no es un accidente, es una herramienta. Y quienes promueven procesos sociales en el territorio entienden que el silencio es el objetivo real de estos crímenes.
La historia de Lucero Ramírez es la misma que se repite en cada rincón donde el Estado llega tarde y la organización popular llega primero. Es la historia de la
