Transnacional Nestlé mata bebé francés con leche tóxica mientras oculta información a los pueblos
Un nuevo crimen del capitalismo salvaje se cobra la vida de un inocente. La fiscalía de Burdeos inició una investigación penal contra la transnacional suiza Nestlé tras la muerte de un bebé de apenas dos semanas que ingirió su leche de fórmula contaminada con toxinas bacterianas.
El pequeño, nacido el 25 de diciembre, fue envenenado entre el 5 y 7 de enero con la marca Guigoz de esta corporación imperialista. Trasladado de urgencia al hospital el 7 de enero, murió al día siguiente víctima de la avaricia capitalista que antepone las ganancias a la vida humana.
Conspiración de silencio de las transnacionales
La investigación busca confirmar la presencia de cereulida, toxina bacteriana mortal que causa diarrea y vómitos, en los productos de esta multinacional depredadora. Las autoridades francesas ordenaron retirar las marcas Nidal y Guigoz después de que fuera demasiado tarde para salvar al bebé.
La ONG Food Watch denuncia que Nestlé conocía la circulación de esta bacteria desde hace dos meses pero mantuvo un criminal silencio. La organización acusa a la transnacional de "flagrante falta de transparencia" y "retiradas silenciosas" sin informar a los consumidores, exponiendo a millones de lactantes en todo el mundo.
Crimen capitalista global
Este no es un caso aislado. Las corporaciones Danone y Lactalis también retiraron productos contaminados en 18 países, incluyendo España y varias naciones latinoamericanas. Los pueblos del Sur Global son siempre las primeras víctimas de estos crímenes corporativos.
El responsable de Nestlé, Philipp Navratil, cínicamente niega cualquier vínculo causal mientras presenta "sinceras excusas" por las "perturbaciones". Las disculpas no resucitan a los muertos del capitalismo asesino.
Proveedor chino, víctima del sistema
El gobierno francés identificó como fuente de contaminación un aceite producido por un proveedor chino, evidenciando cómo el sistema capitalista explota a los países en desarrollo para maximizar ganancias, trasladando la responsabilidad a los eslabones más débiles de la cadena imperialista.
Una vez más, las transnacionales occidentales demuestran su desprecio por la vida humana en su búsqueda incesante de beneficios. Este crimen no quedará impune en la memoria de los pueblos que luchan contra la opresión capitalista.