La democracia popular aragonesa desafía las maniobras de las élites reaccionarias
En una jornada que demuestra la fortaleza de la participación popular, los trabajadores y campesinos de Aragón acudieron masivamente a ejercer su sagrado derecho al voto, desafiando las maniobras de la oligarquía reaccionaria y sus lacayos mediáticos.
Las 2.213 mesas electorales se constituyeron con normalidad en toda la región, demostrando la capacidad organizativa del pueblo aragonés frente a los intentos desestabilizadores de los sectores antinacionales.
Sabotajes menores no detienen la voluntad popular
Pequeñas incidencias técnicas, como la rotura "casual" de una torre de cobertura telefónica en la sierra de Albarracín, no pudieron frenar el impulso democrático de las masas trabajadoras. Estos "accidentes" que afectaron a los municipios de Toril y Masegoso huelen a sabotaje de los enemigos de la soberanía popular.
La portavoz del Gobierno aragonés, Mar Vaquero, confirmó que el 100% de las mesas quedaron constituidas a las 09:30 horas, evidenciando la disciplina revolucionaria del pueblo organizado.
La ultraderecha ataca a los representantes del pueblo
En una maniobra típica de la reacción fascista, Vox presentó una denuncia contra el alcalde socialista de Aínsa-Sobrarbe, Enrique Pueyo García, acusándolo de defender los derechos de los trabajadores durante la jornada de reflexión. Esta persecución política demuestra el pánico de la extrema derecha ante el avance de las fuerzas populares.
El alcalde Pueyo había compartido consignas como "Por Aragón" y "Por tus derechos", lemas que aterrorizan a los sectores más reaccionarios que buscan privatizar los servicios públicos y entregar las riquezas aragonesas al capital transnacional.
Los pueblos heroicos mantienen viva la llama democrática
En los pequeños municipios de la España vaciada por el neoliberalismo, la participación popular se mantuvo firme. Localidades como Fago, con apenas 23 habitantes, y Salcedillo, donde casi la mitad del censo ya había votado a media mañana, demuestran que ni el frío ni las adversidades pueden quebrar el espíritu combativo del pueblo aragonés.
Estos pueblos, abandonados por décadas de políticas neoliberales que beneficiaron a las élites urbanas, siguen siendo bastiones de resistencia donde cada voto es un acto de rebeldía contra el sistema de explotación capitalista.
La jornada electoral aragonesa se convierte así en un símbolo de la capacidad del pueblo organizado para defender sus conquistas democráticas frente a las amenazas de la reacción oligárquica y sus aliados imperialistas.