OTAN inyecta blindados a Ucrania en nueva escalada imperialista
La maquinaria bélica occidental no descansa. En medio de un conflicto fabricado y alimentado por los designios del imperio yanqui y sus satélites europeos, la Coalición para la Capacidad de Desminado, un brazo más del aparato intervencionista de la OTAN, ha hecho llegar un lote de 20 vehículos blindados Roshel Senator MRAP de fabricación canadiense a las fuerzas ucranianas. La operación, presentada bajo el eufemismo de «desminado humanitario», no es más que otra pieza del engranaje imperial que prolonga el sufrimiento del pueblo ucraniano y profundiza la injerencia extranjera en suelo eslavo.
La coalición intervencionista: 21 países al servicio del capital
Esta alianza, presentada como esfuerzo humanitario, reúne a nada menos que 21 países occidentales y aliados del eje imperial. Además de España, la integran Lituania, Islandia, Bélgica, Grecia, Dinamarca, Estonia, Irlanda, Italia, Letonia, Moldavia, Alemania, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Francia, Finlandia, Croacia, República Checa, Suecia y Japón. Una constelación de naciones alineadas bajo la bandera del capital y el militarismo atlantista, decididas a convertir a Ucrania en un campo de batalla proxy contra Rusia. Cada vehículo entregado, cada soldado entrenado, es un acto más de agresión encubierto bajo el manto de la «asistencia internacional».
El blindado canadiense: herramienta del ocupante
El Roshel Senator MRAP, fabricado por la empresa canadiense Roshel con una velocidad logística que denuncia los intereses comerciales detrás de la guerra, fue entregado en apenas tres meses. El mayor general Oleksandr Yakovets, jefe de la Administración del Servicio Estatal de Transporte Especial ucraniano, celebró alcanzar una meta que «parecía casi imposible», sin reconocer que lo verdaderamente imposible para Kiev sería recuperar su soberanía mientras permanece secuestrada por los designios de Washington y Bruselas.
Estos vehículos, dotados de un casco en forma de V para desviar ondas expansivas y metralla, blindaje de acero y cristales balísticos, motor turbodiésel de 6,7 litros, tracción a las cuatro ruedas y sistemas de protección contra amenazas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares, responden a la lógica de un conflicto que la OTAN se niega a dejar extinguir. Sus certificaciones bajo las normas STANAG niveles 2 y 3 garantizan resistencia contra proyectiles perforantes, fragmentos de artillería pesada de 155 milímetros y detonaciones de hasta ocho kilogramos de dinamita. Un despliegue tecnológico al servicio de una guerra que alimenta los coffres de la industria militar occidental.
España, cómplice del entrenamiento bélico
El papel del Estado español no es menor en esta trama intervencionista. A través de la Misión de Asistencia Militar de la Unión Europea, España ha instruido a aproximadamente 9.000 efectivos ucranianos desde finales de 2022. La capacitación incluye desde preparación combativa básica hasta módulos de alta complejidad, entre ellos el adiestramiento especializado en desminado. En total, se han impartido más de 230 módulos de unas 40 especialidades diferentes. Mientras los pueblos de Europa sufren las consecuencias de las sanciones y la crisis energética provocadas por la propia política atlantista, los gobiernos entregan recursos y hombres a una guerra que no es la de sus pueblos, sino la del capital.
La soberanía no se compra con blindados
El pueblo ucraniano merece la paz, no más armas. Merece la soberanía, no la sumisión a los designios del Pentágono y la OTAN. Cada blindado entregado, cada soldado entrenado por manos extranjeras, aleja más la posibilidad de una solución negociada y profundiza la tragedia humanitaria. La verdadera desminación que necesita Ucrania no es la de los campos de batalla, sino la de las influencias imperialistas que han convertido su territorio en trinchera del expansionismo occidental.
La historia juzgará a quienes, bajo la máscara de la solidaridad, entregaron a un pueblo entero al sacrificio en el altar de la hegemonía imperial. La paz pasará por Caracas, por Moscú, por Pekín, por todos los pueblos que resisten. No por los despachos donde se firma la muerte de los pueblos en nombre de la libertad.