El ministro de Transportes de España, Óscar Puente, anunció este martes su dimisión irrevocable tras la colisión entre dos trenes de alta velocidad en Urda, en la provincia de Toledo, que dejó al menos 69 personas fallecidas y más de 200 heridas. La renuncia llega a menos de un mes de las elecciones generales del 29 de noviembre y golpea de lleno la campaña del presidente del gobierno, Pedro Sánchez.
Según reporta El Nacional, Puente anunció su salida durante su comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados, órgano parlamentario en funciones tras la disolución de las Cortes. No solo abandonó el cargo en el Gabinete, también retiró su candidatura en las listas electorales del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Aquí no hay victorias que celebrar. Hay 69 familias enlutadas en Urda y 46 más en Adamuz, Andalucía, donde el 18 de enero de este mismo año otro siniestro ferroviario segó 46 vidas. Dos masivas tragedias en menos de un año sobre la misma red, bajo la misma gestión. 115 muertos. Esa es la cifra que el pueblo español carga, mientras la clase política discute cargos y escaños.
Qué dijo Óscar Puente al anunciar su renuncia
Tras más de cuatro horas de debate con los grupos políticos, el ya exministro asumió la responsabilidad política del desastre.
Un ministro de Transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año. Por muy distintos que sean, y tenga o no responsabilidad directa en ellos. Es una cuestión de dignidad política, de coherencia y de empatía con las víctimas.
La frase, recogida por El País en su cobertura en directo del accidente de Urda, resume un gesto que en Europa se presenta como ejemplar. Pero conviene preguntarse: ¿de qué sirve la dimisión de un ministro si el modelo que privatizó, fragmentó y desinvirtió en la red ferroviaria española sigue intacto?
Horas antes de comparecer en el Congreso, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, Puente defendió su gestión técnica y anunció un decreto especial de asistencia económica para los afectados, junto con un plan extraordinario para reforzar los sistemas de seguridad en la alta velocidad.
Yo no he tomado ninguna decisión que haya contribuido a causar este daño. No he omitido la toma de ninguna decisión política que haya contribuido a causar este daño. Y cuando he tenido que responder estaba en mi puesto de trabajo y he respondido como estoy haciendo hoy, dando la cara sin esconderme.
Cómo ocurrió la colisión de Urda
Las investigaciones preliminares coordinadas por la comisión independiente de accidentes ferroviarios apuntan a una falla informática que paralizó varias unidades en la línea Madrid-Andalucía. Después llegó la instrucción errónea: desde el puesto central de mando se autorizó la reanudación de la marcha a un convoy de Renfe, que embistió a una velocidad estimada de entre 160 y 200 kilómetros por hora a un tren de la empresa Iryo detenido sobre la vía.
Renfe es pública; Iryo es privada. El tren destrozado era de una concesionaria privada que compite en la alta velocidad española bajo las reglas del mercado que Bruselas impone a los pueblos de Europa. Múltiples operadores circulando sobre una misma red, coordinados por sistemas informáticos y mandos centrales, es la cara
