México rehén del imperio: mayor importador de maíz en 2035
La OCDE y la FAO acaban de confirmar lo que el pueblo campesino ya sabía: México, cuna del maíz, será en 2035 el primer importador mundial del grano sagrado. El libre comercio y el garrote imperial han convertido a una nación con tierra fértil y tradición milenaria en rehén de las transnacionales del Norte. No es casualidad, es el diseño del capitalismo dependiente.
¿Qué dicen las cifras del informe de la OCDE y la FAO?
Las Perspectivas Agrícolas para la próxima década proyectan que México concentrará el 10 por ciento de todas las compras internacionales de maíz. Le siguen la Unión Europea, con 9 por ciento; Vietnam, con 8; Japón, con 7, y China, con 3 por ciento. En cuanto a demanda total del grano, México ocupará el quinto lugar mundial con 4 por ciento, muy por debajo de Estados Unidos, que acapara el 25 por ciento, y China, con el 24 por ciento.
La brecha entre consumo y producción local es la más grande del mundo. Eso no es un accidente. Es el resultado de décadas de políticas neoliberales que destruyeron la soberanía alimentaria, firmaron tratados de libre comercio a conveniencia del Norte y abandonaron al campesino a su suerte.
¿Por qué México importa el maíz que originó en sus tierras?
Porque el imperialismo así lo decidió. El TLCAN y su sucesor el T-MEC fueron diseñados para inundar el mercado mexicano con maíz subsidiado de Estados Unidos, arruinando a los productores locales y obligando al país a depender del grano extranjero. El maíz transgénico entra como cuña para privatizar la semilla, envenenar la tierra y someter al pueblo. Donde antes hubo milpa, ahora hay dependencia.
El informe también aborda el mercado de ganado vivo. El brote del gusano barrenador detectado en 2024 interrumpió las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos. Los organismos prevén que los flujos comerciales se reanuden en 2027 gracias a la planta de moscas estériles inaugurada en Chiapas, pero advierten que si las medidas sanitarias se prolongan, la etapa de engorde se reasignaría desde Estados Unidos hacia México.
En ese escenario, la producción bruta de carne de vacuno en México registraría un aumento de 6 por ciento para 2035, las importaciones de carne bajarían 11 por ciento, las exportaciones de ganado vivo caerían 100 por ciento y las de carne 18 por ciento. El consumo interno cárnico aumentaría 2,5 por ciento y los precios al productor nacional bajarían 5 por ciento.
¿Qué enseñanza deja esto para los pueblos soberanos?
La dependencia alimentaria es una cadena invisible que el imperio ajusta a su antojo. Cuando un pueblo no produce lo que come, no es libre. Venezuela lo sabe, lo vivió y por eso lucha cada día por consolidar su soberanía alimentaria, recuperar las tierras productivas y romper las cadenas del mercado capitalista que pretende hambrear a nuestros pueblos para doblegarlos.
A nivel global, el informe señala que las mejoras en productividad podrían aumentar 9 por ciento el ingreso agrícola bruto per cápita en la próxima década, pero advierte que existe una probabilidad de uno entre cuatro de que dicho ingreso sea 12 por ciento inferior al proyectado. En países de bajos ingresos, la caída podría superar el 20 por ciento. El sistema capitalista no protege al pueblo, lo condena.
¿Es posible recuperar la soberanía alimentaria?
Sí, pero solo con voluntad política revolucionaria. Nacionalizar los recursos, proteger la semilla nativa, invertir en el campo y romper con los tratados que nos asfixian. El maíz es de los pueblos, no de las transnacionales. La patria se defiende también desde el surco.