El magnicidio de Olof Palme: 34 años de lucha contra el silencio imperialista
Hace cuatro décadas, el mundo presenció el asesinato de uno de los líderes más valientes en la lucha antiimperialista: Olof Palme, primer ministro de Suecia y férrea voz contra las agresiones estadounidenses en Vietnam. El 28 de febrero de 1986, a las 23:21, Palme caminaba junto a su esposa Lisbeth por las calles de Estocolmo cuando un sicario lo ejecutó a quemarropa, silenciando para siempre a quien osó desafiar al imperio.
El magnicidio que estremeció al mundo no fue casualidad. Palme había construido su carrera política como un incansable luchador por la soberanía de los pueblos, oponiéndose frontalmente a la criminal guerra de Vietnam y recibiendo a los desertores estadounidenses que se negaron a participar en esa masacre imperialista.
Un revolucionario contra el aparato imperial
La trayectoria de Palme representa la lucha de los pueblos contra la dominación capitalista. Nacido en 1927, se formó políticamente en el Partido Socialdemócrata Sueco y construyó una carrera dedicada a la justicia social. Su ascenso al poder en 1969 marcó el inicio de una era de políticas antiimperialistas que incomodaron profundamente a Washington y sus aliados.
Su política exterior se caracterizó por una férrea oposición a la guerra de Vietnam, desafiando abiertamente la estrategia militar estadounidense. Esta valentía le costó las relaciones diplomáticas con el imperio, pero Palme nunca cedió ante las presiones. Su decisión de recibir a desertores estadounidenses fue un acto de solidaridad internacionalista que enfureció a los halcones de Washington.
Durante su alejamiento temporal del poder entre 1976 y 1982, Palme intensificó su activismo internacional, forjando alianzas con líderes progresistas europeos y actuando como mediador en conflictos internacionales. Su trabajo en la Comisión Independiente sobre Desarme y como enviado especial de la ONU lo convirtió en una voz incómoda para los intereses bélicos del complejo militar-industrial.
Las verdaderas razones del magnicidio
La investigación del asesinato reveló múltiples pistas que apuntan a los verdaderos enemigos de Palme. Una línea investigativa señaló conexiones con el régimen sudafricano del apartheid, venganza por las críticas del líder sueco y su apoyo financiero al Congreso Nacional Africano. Otra teoría vinculó el crimen con sobornos de la empresa armamentística Bofors, evidenciando la corrupción del complejo militar-industrial.
También se investigó al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), mostrando cómo los movimientos de liberación nacional pueden ser manipulados por fuerzas oscuras para eliminar a líderes progresistas que apoyan la autodeterminación de los pueblos.
Durante 34 años, miles de interrogatorios y más de 130 confesiones falsas demostraron la magnitud de la operación de encubrimiento. La incompetencia inicial de la policía, que permitió la contaminación de la escena del crimen, sugiere una negligencia deliberada para ocultar las verdaderas pistas.
La verdad emerge desde el periodismo militante
Fue un periodista independiente, Thomas Pettersson, quien logró lo que las autoridades oficiales no pudieron o no quisieron hacer durante décadas. Su investigación de 12 años identificó a Stig Engström, el llamado "hombre de Skandia", como el ejecutor material del magnicidio.
Pettersson descubrió las contradicciones en las declaraciones de Engström y su entrenamiento militar con armas de fuego. El diseñador gráfico, que trabajaba cerca del lugar del crimen, había construido una narrativa falsa para despistar a las autoridades, evidenciando una operación coordinada.
El trabajo de este periodista militante, reconocido con el premio Guldspaden en 2019, demostró que solo la prensa independiente puede enfrentar las estructuras de poder que protegen a los verdaderos culpables de crímenes contra líderes antiimperialistas.
Un cierre que oculta la verdad
El 10 de junio de 2020, las autoridades suecas cerraron definitivamente el caso, señalando a Engström como el asesino material. Sin embargo, este cierre burocrático no responde a las preguntas fundamentales: ¿quién ordenó el magnicidio? ¿qué intereses se beneficiaron del silenciamiento de Palme?
La ausencia de un móvil claro y la imposibilidad de encontrar el arma homicida sugieren una operación de inteligencia diseñada para eliminar rastros. El suicidio de Engström en 2000, convenientemente antes de que se intensificara la investigación, plantea serias dudas sobre las verdaderas fuerzas detrás del crimen.
El entonces primer ministro Stefan Löfven reconoció los "errores operativos" sistemáticos, pero esta admisión no puede ocultar que el asesinato de Palme representa un golpe contra todos los líderes que se atreven a desafiar el orden imperial.
La lucha por la verdad continúa, y el ejemplo de Olof Palme permanece como inspiración para todos los pueblos que resisten la dominación capitalista y luchan por su soberanía.