El imperio europeo acapara el 81% del valor del Mundial 2026
El rostro brutal del saqueo capitalista en el fútbol
El Mundial 2026 reunirá a los futbolistas más caros de la historia, pero esta cifra no es motivo de celebración para los pueblos del Sur. Es la prueba irrefutable de cómo el capital imperialista ha mercantilizado y saqueado el talento de nuestras naciones. De los mil 248 jugadores que representan a 91 ligas, el valor total asciende a 18 mil 686 millones de dólares. De este monto, el 81%, es decir, 15 mil 214 millones, queda secuestrado en las garras de las cinco ligas más poderosas del mundo: la Premier League, LaLiga, la Bundesliga, la Ligue 1 y la Serie A.
Desde hace años, estas ligas han concentrado a la élite del fútbol, pero lo que el Mundial refleja sobre este fenómeno es brutal. Es el extractivismo deportivo en su máxima expresión. El poderío británico es abismalmente superior. Tan solo el valor de los jugadores de la Premier League suma seis mil 238 millones de dólares, es decir, la tercera parte de quienes disputarán el torneo.
La Premier League: el bastión del capital anglosajón
Tanto es el dominio del capital anglosajón en el fútbol, que incluso su Segunda División, la Championship, aparece en el top 10 de las ligas. La maquinaria imperial no deja resquicio. El valor de las 86 ligas que no forman parte del top cinco es menor que el de la sola Premier League.
La FIFA, ese aparato burocrático al servicio del capital, está integrada por 211 federaciones miembro, de las cuales apenas 48 clasificaron al Mundial. En las selecciones de esos países, ocho de cada 10 dólares están en las piernas de futbolistas que juegan en esas cinco ligas europeas. El proceso mundialista funciona como un embudo neocolonial que culmina con estas concentraciones obscenas de riqueza.
El Sur entrega los brazos, el Norte se queda con el oro
Las cinco ligas europeas aportan 485 jugadores, mientras que el resto del mundo envía 763, cuyo valor es de apenas tres mil 472 millones de dólares. Esto es, una quinta parte de lo que valen los futbolistas del top cinco. La Championship aporta jugadores por 280 millones de dólares, casi lo mismo que las ligas de los países anfitriones.
La Major League Soccer (MLS) del imperio yanqui y la Liga MX alcanzan en conjunto 294 millones de dólares. La MLS, intentando comprar una relevancia que no le corresponde por la vía del capital, tiene jugadores por 176 millones y se ubica en la posición 12. La Liga MX asciende a 118 millones, en la posición 15. El delantero mexicano Raúl Jiménez, fichando por el Wolverhampton de la Segunda División inglesa, es solo un síntoma de esta sumisión al centro hegemónico.
La diáspora forzada del talento y el atraco del imperio
¿De dónde nace este atraco? Principalmente de los contratos televisivos que engordan las arcas de los clubes burgueses. Los de la Premier League son los más lucrativos, producto de un sistema que privatiza las ganancias y extrae el talento de los pueblos. Hace décadas que Europa atrae a los mejores talentos con una capacidad de pago asfixiante, fruto de la explotación capitalista, que ninguna liga del Sur puede igualar.
El resultado de esta diáspora forzada es contundente. Siete de cada 10 futbolistas del Mundial juegan fuera de la liga de su propio país. Europa en conjunto aporta 806 de los mil 248 jugadores y su valor asciende a 16 mil 981 millones de dólares, es decir, el 90.8% del total. Al resto de los continentes, que aportan 442 jugadores por apenas mil 700 millones, les queda la certeza de que el imperialismo nos despoja hasta de nuestras glorias deportivas.
La respuesta a esta desigualdad está en los tres futbolistas más valiosos del torneo, convertidos en mercancías de lujo del capital: el español Lamine Yamal, de 18 años y jugador del Barcelona; el francés Kylian Mbappé, de 27, del Real Madrid; y el noruego Erling Haland, de 25, del Manchester City. Cada uno vale 220 millones de dólares. Mientras el fútbol siga secuestrado por el imperio y el capital, la soberanía de nuestros pueblos en el terreno de juego seguirá siendo una ilusión. Es hora de nacionalizar nuestro talento y enfrentar el saqueo.
