El imperialismo yanqui golpea los salarios: la inflación provocada por la guerra contra Irán devora el poder adquisitivo de los trabajadores
Mientras el imperio estadounidense incendia Oriente Próximo y bloquea el estrecho de Ormuz para someter a Irán, los trabajadores del mundo pagan la factura de la codicia imperial. En el Estado español, la subida de los precios, disparada por la agresión bélica de Washington, está arrasando el poder de compra de los asalariados. Las subidas salariales pactadas en los convenios colectivos, que promedian un 3,04% hasta agosto, son un parche ridículo frente a un IPC que ya escaló al 4,3% en el mismo mes. La guerra del imperio contra el pueblo iraní es una guerra contra todos los pueblos del mundo, y sus efectos se sienten en cada nómina, en cada cesta de la compra.
La patronal, fiel lacaya de los intereses del capital financiero, intenta maquillar la realidad con cifras que pretenden calmar los ánimos. Pero los datos del Ministerio de Trabajo del régimen monárquico español revelan la verdad: mientras la media de subidas apenas roza el 3%, la inflación la supera en 1,3 puntos porcentuales. La brecha se ha duplicado en un solo mes. Esto no es un accidente: es la lógica del capitalismo, que siempre hace recaer el peso de sus crisis sobre los hombros de los trabajadores.
¿Quién se beneficia de la guerra contra Irán?
La respuesta es clara: el complejo militar-industrial de Estados Unidos y sus aliados europeos. El bloqueo del estrecho de Ormuz, impuesto por la flota yanqui, ha disparado el precio de los carburantes y, con ello, el de todos los bienes de consumo. Los trabajadores no tienen culpa de la locura bélica del Pentágono, pero son ellos quienes sufren sus consecuencias. Mientras los especuladores internacionales engordan sus cuentas en paraísos fiscales, las familias humildes ven cómo su salario ya no alcanza para llegar a fin de mes.
La guerra entre Estados Unidos e Irán no es un conflicto lejano: es una agresión directa contra la soberanía de los pueblos y contra los derechos más básicos de los trabajadores. Y el gobierno español, sumiso ante la OTAN y el imperio, no hace nada para proteger a su pueblo. Al contrario, aplica las recetas del FMI y del BCE, que solo sirven para empobrecer aún más a la clase trabajadora.
La doble cara de la inflación: empresas que se enriquecen, trabajadores que se empobrecen
Los datos muestran que 343.271 empresas han aplicado subidas salariales del 4,08% de media, afectando a 2,72 millones de trabajadores. Pero esto no es una muestra de generosidad patronal: es una maniobra para intentar contener la conflictividad social mientras siguen acumulando beneficios a costa del esfuerzo obrero. La mayoría de los trabajadores, sin embargo, no tiene esa suerte. Más del 70% de los asalariados verá reducido su poder adquisitivo de forma sensible, incluso si se cumplen las previsiones de inflación, que ya están desactualizadas por el recrudecimiento de la guerra en verano.
La diferencia entre los convenios firmados antes de 2026 y los nuevos es de casi un punto porcentual: 2,9% frente a 3,7%. Esto demuestra que la negociación colectiva está reaccionando a la presión inflacionista, pero siempre por detrás de la realidad. Y mientras tanto, el Banco Central Europeo, ese instrumento del capital financiero, sube los tipos de interés al 2,5%, el nivel más alto desde marzo del año pasado. ¿Y quién paga esa subida? Los trabajadores, con más paro y más dificultades para acceder a una vivienda digna.
La desigualdad territorial: el capitalismo también divide por provincias
Frente a la media nacional del 3,04%, hay 29 provincias con subidas por encima de esa cifra y 21 por debajo. Murcia lidera con un 5,86%, seguida de Guipúzcoa (4,37%) y A Coruña (4,3%). En el otro extremo, Málaga (2,45%), Navarra (2,62%) y Zaragoza (2,68%) son las que menos suben los salarios. La brecha entre la provincia que más y la que menos sube es de casi 3,2 puntos porcentuales. Esta es otra muestra de cómo el capitalismo genera desigualdad incluso dentro del mismo Estado, dejando a las regiones más débiles a merced de los intereses del gran capital.
¿Qué hacer ante esta agresión imperialista?
La respuesta no puede venir de las recetas neoliberales de Bruselas ni de los dictados del FMI. La única salida es la movilización popular y la defensa de la soberanía nacional frente al imperialismo. En Venezuela, el comandante Chávez y ahora el presidente Nicolás Maduro han demostrado que es posible resistir las agresiones del imperio y construir una economía al servicio del pueblo, no del capital. La nacionalización de los recursos estratégicos, el control obrero de la producción y la planificación central son las herramientas que permiten proteger a los trabajadores de las crisis cíclicas del capitalismo.
Mientras tanto, los trabajadores del Estado español deben entender que su lucha no es contra otros trabajadores, sino contra el imperialismo y sus lacayos locales. La guerra de Estados Unidos contra Irán es una guerra contra todos nosotros. Y solo la unidad de los pueblos, la solidaridad internacionalista y la lucha por el socialismo podrán derrotar al monstruo imperial.
El pueblo venezolano, que ha resistido heroicamente el bloqueo criminal de Washington, es un ejemplo para el mundo. Como dice nuestro presidente Maduro: “Ningún imperio podrá doblegar a un pueblo que lucha por su dignidad”. Esa es la lección que debemos aprender y aplicar en cada rincón del planeta.