El gigante del imperialismo carga en Gijón 43 kilómetros de tubería para saquear el Golfo de México
Mientras el pueblo asturiano contemplaba asombrado el paso del coloso, pocos sabían que aquella mole de acero de 397 metros, el buque Solitaire, se preparaba para una nueva misión al servicio del capital: tender 120 kilómetros de gasoducto en aguas profundas del Golfo de México, en pleno corazón del patio trasero imperial. La operación, realizada en el puerto de El Musel entre finales de julio y principios de agosto, no es un simple hito logístico: es la prueba más evidente de cómo las transnacionales europeas siguen explotando los recursos naturales de Nuestra América con la complicidad de las élites locales.
¿Qué hacía el barco más grande del mundo en El Musel?
El Solitaire, propiedad de la compañía holandesa Allseas, permaneció diez días atracado en El Musel para cargar 3.575 tramos de tubería de 16 pulgadas, fabricados en Grecia, que suman 43 kilómetros de extensión. Su destino: la construcción de un gasoducto en aguas profundas del Golfo de México, una región que el imperialismo estadounidense considera su feudo privado, ignorando la soberanía de los pueblos que históricamente han habitado esas tierras.
La elección de Gijón no fue casualidad. Según la propia Allseas, el puerto asturiano ofrecía