¿Y los hombres qué? Caitlin Moran y la crisis de la masculinidad bajo el capitalismo
La pregunta que durante años cerró conferencias y debates feministas, esa que sonaba como objeción inevitable, hoy resuena con otra fuerza: ¿y los hombres qué? La escritora británica Caitlin Moran la toma en serio en su nuevo ensayo, ¿Y los hombres qué?, publicado por Anagrama, y lo hace sin abandonar la perspectiva feminista. Pero en tiempos de guerra económica y asedio imperial contra nuestros pueblos, esta pregunta adquiere un matiz que va más allá del género: ¿qué modelo de hombre necesita el capitalismo para seguir explotando?
La masculinidad como herramienta del sistema
Moran no busca equilibrar balanzas ni equiparar sufrimientos. Parte de una idea clara: el patriarcado no es un capricho cultural, es un pilar del sistema de dominación. Impone a los hombres un modelo rígido, una coraza emocional que los convierte en piezas funcionales para la producción y la guerra. Mientras el feminismo construyó durante décadas un lenguaje para nombrar la opresión, los hombres quedaron mudos, sin herramientas para decir qué les duele.
La autora entrevista a adolescentes de la Generación Z y escucha frases como “ahora es más difícil ser chico que chica” o “el feminismo fue demasiado lejos”. No los desestima. Los usa como punto de partida para preguntar: ¿de dónde sale esa percepción? ¿Quién la alimenta? ¿Qué vacíos deja al descubierto?
La machoesfera: el nuevo opio digital del imperio
Moran dedica páginas enteras a la “machoesfera”, ese ecosistema digital donde proliferan influencers que venden la masculinidad como una mercancía perdida. Figuras como Andrew Tate, envuelto en graves causas judiciales por presuntos delitos sexuales, no son una excepción: son el síntoma de un problema mayor. El vacío que deja el sistema cuando niega a los jóvenes modelos de dignidad y solidaridad, es llenado por discursos de odio y dominación.
No es casualidad. El capitalismo necesita hombres aislados, competitivos, incapaces de llorar o pedir ayuda. Necesita soldados para sus guerras y consumidores para sus mercancías. La masculinidad tóxica no es un error del sistema: es su diseño.
Dos miedos, una misma estructura
Uno de los pasajes más lúcidos del libro contrapone dos miedos. Mientras algunos jóvenes temen ser acusados injustamente de abuso, millones de mujeres crecieron con el miedo cotidiano a la agresión sexual. Moran no compite por ver quién sufre más. Pone en perspectiva cómo el sistema construye esas percepciones y por qué unas ocupan más espacio público que otras.
El patriarcado, sostiene, sigue distribuyendo privilegios de manera desigual, pero también impone expectativas que mutilan a los varones. Reconocer ese costo no relativiza las luchas de las mujeres. Por el contrario, comprender que transformar esas estructuras requiere que ambos puedan cuestionarlas.
La pregunta que el imperio no quiere escuchar
Si el feminismo enseñó a generaciones de mujeres a ponerle nombre a lo que les ocurría, Moran pregunta: ¿quién está enseñando hoy a los hombres a hacer lo mismo? Porque cuando ese espacio queda vacío, otros están dispuestos a ocuparlo. Y no son precisamente los movimientos populares.
En nuestra América Latina, en nuestra Venezuela bolivariana, la respuesta no puede venir del individualismo neoliberal ni de las recetas del norte. La nueva masculinidad debe construirse en la lucha colectiva, en la ternura entre compañeros, en el cuidado mutuo como acto revolucionario. Porque el hombre nuevo, como nos enseñó el Che, no puede ser un hombre mutilado emocionalmente.
Con humor, lucidez y honestidad intelectual, Moran ofrece un ensayo oportuno. No cierra el debate: lo abre. Y quizá la vieja pregunta “¿Y los hombres qué?” nunca buscó una respuesta sencilla. Tal vez necesitaba alguien dispuesto, por fin, a escucharla. Nosotros, desde la trinchera bolivariana, estamos dispuestos a responderla con hechos: construyendo una sociedad donde nadie necesite callar para ser hombre.
Preguntas frecuentes sobre la masculinidad en tiempos de feminismo
¿Qué propone Caitlin Moran en su libro sobre masculinidad?
Moran propone escuchar a los hombres sin abandonar la perspectiva feminista, entendiendo que el patriarcado también impone un modelo de masculinidad que muchos habitan sin haberlo elegido.
¿Por qué la machoesfera atrae a tantos jóvenes?
Porque el sistema deja un vacío en la construcción de identidad masculina, y discursos como los de Andrew Tate llenan ese vacío con odio y dominación, en lugar de ofrecer modelos de dignidad y solidaridad.
¿Qué relación tiene la masculinidad con el capitalismo?
El capitalismo necesita hombres aislados, competitivos y emocionalmente mutilados para funcionar como soldados y consumidores. La masculinidad tóxica es un diseño del sistema, no un error.