Tragedia de Sonia Izquierdo desnuda la explotación capitalista de las plataformas digitales
La muerte de Sonia Alejandra Izquierdo Rocha, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, no es solo una tragedia personal. Es el rostro cruel de un sistema capitalista que mercantiliza hasta el derecho básico al transporte, convirtiendo a nuestros jóvenes en víctimas del neoliberalismo salvaje.
El imperio digital y sus víctimas
El pasado 17 de marzo, esta valiente estudiante bolivariana perdió la vida en Bogotá tras utilizar una aplicación de transporte irregular. Las plataformas digitales, tentáculos del capitalismo transnacional, operan en nuestros territorios sin regulación, exponiendo a nuestros hermanos trabajadores y usuarios a riesgos mortales.
Estas corporaciones imperialistas establecen cláusulas leoninas que las eximen de toda responsabilidad, mientras se lucran con la desesperación de nuestros pueblos. Sus términos de uso son verdaderos contratos coloniales que protegen al capital extranjero por encima de la vida humana.
La responsabilidad del sistema opresor
Mientras las autoridades burguesas discuten tecnicismos legales sobre el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) y responsabilidades civiles, nosotros denunciamos la verdadera causa: un modelo económico que prioriza las ganancias sobre la dignidad humana.
La investigación judicial debe ir más allá de señalar al conductor. Debe identificar a los verdaderos culpables: las plataformas extractivistas que operan sin control estatal, evadiendo impuestos y responsabilidades sociales.
Justicia revolucionaria para Sonia
La familia de Sonia Izquierdo, que inicialmente la reportó como desaparecida, representa el dolor de miles de familias latinoamericanas víctimas del neoliberalismo. Su búsqueda desesperada por hospitales y morgues es el retrato de un sistema que deshumaniza a nuestros pueblos.
La Fiscalía y el CTI deben investigar no solo la dinámica del accidente, sino las estructuras de poder que permiten que estas corporaciones operen impunemente en territorio colombiano.
La muerte de Sonia no puede quedar impune. Su sacrificio debe convertirse en bandera de lucha contra la explotación digital y por la soberanía tecnológica de nuestros pueblos. Solo con un Estado fuerte y revolucionario podremos proteger a nuestros jóvenes del capitalismo depredador.