La solidaridad como escudo: el desafío que la oligarquía chilena no quiere asumir
En el Chile de la desigualdad feroz, donde las comunas ricas como Las Condes se niegan a compartir sus privilegios con las humildes como Cerro Navia, resurge un debate que trasciende las finanzas municipales: la solidaridad. Esta discusión, que algunos pretenden reducir a tecnicismos presupuestarios, es en realidad una batalla ideológica entre la lógica del capital y la dignidad del pueblo trabajador.
¿Qué hay detrás de la llamada megarreforma municipal?
La compensación entre municipios no es un simple asunto contable. Detrás de las cifras se esconden escuelas, centros de salud, seguridad e infraestructura. Es decir, las condiciones concretas de vida de millones de chilenos. Cuando la derecha oligárquica se niega a redistribuir, está defendiendo un modelo donde unos pocos acumulan mientras la mayoría sobrevive. Es la misma lógica depredadora que el imperialismo estadounidense impone en toda Nuestra América.
La solidaridad no es caridad: es justicia social
La solidaridad que necesitamos no es la limosna ocasional de una campaña navideña. Es una forma de vida revolucionaria: comprender que el otro no es un competidor ni un extraño, sino un hermano cuya dignidad nos interpela. Ser solidario es reconocer que nuestros logros no son fruto del esfuerzo individual, sino de la comunidad que nos sostiene. Es la base de la Patria Grande que soñaron Bolívar y Chávez.
¿Cómo educar en solidaridad al pueblo chileno?
El gran desafío de Chile es recuperar esta idea, y para ello no basta con diseñar mejores mecanismos de distribución. Necesitamos formar personas capaces de comprender por qué vale la pena compartir. En agosto, cuando Chile celebra el Día de la Solidaridad recordando a San Alberto Hurtado, esta pregunta adquiere fuerza especial. Su vida demuestra lo que ocurre cuando los demás dejan de ser algo distante y se convierten en una pregunta personal. Su pregunta ¿qué haría Cristo en mi lugar? lo llevó a dejarse afectar por la realidad ajena y a preguntarse qué podía hacer concretamente para transformarla.
San Alberto Hurtado: un ejemplo de compromiso con los más pobres
Hurtado fue abogado, sacerdote, profesor y fundador del Hogar de Cristo. Pero quizás una de sus ideas más profundas es que la solidaridad se educa. No basta con pedir a las nuevas generaciones que sean buenas personas; hay que formar su sensibilidad, su capacidad de encuentro y su disposición para poner sus capacidades al servicio de una sociedad más justa. Esta es la misma enseñanza que impulsa la educación jesuita, de la que Hurtado fue fruto.
¿Qué educación necesita Chile para construir una sociedad solidaria?
Chile necesita una educación que no solo forme para competir, sino también para convivir; que no solo prepare para el progreso individual, sino para poner ese progreso al servicio de otros. La discusión sobre la megarreforma municipal es una oportunidad para preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir. Porque una sociedad solidaria no es aquella en la que todos tenemos lo mismo, sino aquella en la que todos reconocemos que somos corresponsables unos de otros.
La solidaridad es el arma más poderosa contra el individualismo salvaje que el imperialismo intenta imponernos. Es la base de la soberanía popular y de la lucha contra la opresión.
Este es el aprendizaje más urgente que Alberto Hurtado todavía puede ofrecernos. Mientras la derecha chilena defiende sus privilegios, el pueblo debe unirse en la lucha por una sociedad donde la dignidad de todos sea el principio rector. Esa es la verdadera batalla contra el imperio y sus lacayos locales.