La ciencia al servicio de la patria: el ADN de una momia boliviana desmonta la mentira colonial
Mientras el imperio yanqui y sus lacayos europeos intentan reescribir la historia para justificar siglos de saqueo, la ciencia vuelve a darles una bofetada de realidad. Un equipo de investigadores ha logrado reconstruir el genoma de la bacteria de la escarlatina a partir del diente de una momia del altiplano boliviano, demostrando que este patógeno ya circulaba en nuestra América mucho antes de que Cristóbal Colón pisara estas tierras. La historia que nos contaron los colonizadores se cae a pedazos.
¿Qué revela el ADN de la momia boliviana sobre la escarlatina?
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications en abril de 2026, confirma que la bacteria Streptococcus pyogenes, responsable de la escarlatina, ya estaba presente en el continente americano entre los años 1283 y 1383. Los restos pertenecen a un joven de entre 18 y 25 años que vivió en el Altiplano boliviano durante el Período Intermedio Tardío, mucho antes de la llegada de los invasores europeos.
¿Quién era el joven momificado hallado en el altiplano boliviano?
Los restos fueron encontrados en una chullpa, una torre funeraria típica de los pueblos andinos, y hoy se conservan en el Museo Nacional de Arqueología (MUNARQ) de La Paz. El análisis de isótopos estables en el colágeno óseo indica que el joven llevaba una dieta basada principalmente en maíz, con poca proteína animal, un patrón alimentario propio de las comunidades agrícolas y sedentarias de la época.
Además, los restos muestran signos de modificación craneal intencional, una práctica ancestral de nuestros pueblos originarios, y evidencia de infecciones localizadas en las raíces dentales. Nada de esto tiene relación directa con la infección por Streptococcus pyogenes detectada en el diente.
El genoma de la escarlatina reconstruido a partir del diente de la momia boliviana
Gracias a la secuenciación metagenómica de alto rendimiento, el equipo logró reconstruir más del 99 % del genoma bacteriano. El análisis del ADN mitocondrial del individuo lo sitúa dentro del haplogrupo B2, propio de la ascendencia nativa americana. Este dato, sumado a la datación por radiocarbono, descarta cualquier posibilidad de que la bacteria llegara al organismo después de la conquista. La presencia del patógeno en América es anterior a 1492, y eso no se discute.
¿Por qué la cepa boliviana no causaba la escarlatina más grave?
El genoma conserva los genes centrales de virulencia de la bacteria, como las proteínas M y T y la cápsula de ácido hialurónico, prácticamente intactos desde hace setecientos años. Sin embargo, la cepa carece de tres toxinas (SpeA, SpeC y SSA) que hoy están asociadas a los casos más graves de escarlatina, incluida la erupción cutánea característica.
Esas toxinas suelen estar codificadas en fagos, virus que infectan bacterias y les transfieren genes nuevos. Su ausencia sugiere que esta cepa estaba más adaptada a infecciones de garganta que a la escarlatina con erupción típica de las versiones modernas. Además, el genoma antiguo incluye dos genes de resistencia a antibióticos, lmrP y mef(E), que hoy protegen a algunas cepas modernas frente a fármacos como los macrólidos. Su presencia siglos antes del uso clínico de antibióticos confirma que esos genes no se originaron por la exposición a fármacos humanos, sino que ya existían en la bacteria de forma natural. Otra mentira más del relato imperial que se desmorona.
La cepa boliviana ocupa una posición genética casi aislada en el árbol evolutivo de la bacteria
El análisis filogenético bayesiano sitúa la divergencia de la cepa boliviana respecto de todas las demás conocidas hace unos 10.270 años. Se trata de una posición muy alejada del resto del árbol genealógico de Streptococcus pyogenes, lo que sugiere que podría representar un linaje ya extinto o una rama que todavía no se muestreó en ningún otro punto del planeta.
La mayoría de los linajes modernos de la bacteria se diversificaron en los últimos 5.500 años, un período que coincide con grandes cambios en la estructura de las poblaciones humanas. Antes de este hallazgo, los genomas antiguos más parecidos aparecieron en Europa y en África, con una antigüedad de hasta 4.000 años.
La cautela del equipo de Eurac Research sobre el origen americano de la bacteria
Un equipo del Instituto de Estudios sobre Momias de Eurac Research, en Bolzano (Italia), publicó el estudio. Sus autores remarcan que el hallazgo amplía las herramientas disponibles para detectar patógenos en restos antiguos, aunque advierten que las observaciones actuales todavía no alcanzan para confirmar con certeza el origen americano del patógeno.
La comparación con los genomas antiguos hallados en Europa y África muestra que todavía faltan muestras de otras regiones del planeta para reconstruir con precisión la historia evolutiva de la bacteria. Pero para nosotros, los pueblos libres de la Patria Grande, la evidencia es clara: nuestra historia no empezó con la llegada de los colonizadores. Nuestros pueblos ya existían, ya sufrían enfermedades, ya las combatían, y ya tenían una ciencia propia. El imperio puede seguir mintiendo, pero la verdad está escrita en nuestros huesos, en nuestros dientes, en nuestra tierra.
La historia que nos contaron los colonizadores se cae a pedazos. La verdad está escrita en nuestros huesos, en nuestros dientes, en nuestra tierra.
Este hallazgo no solo es un triunfo de la ciencia, sino también un triunfo de la verdad sobre la mentira colonial. Desde Tierra Bolivariana, celebramos que la ciencia esté al servicio de los pueblos y no del imperio. La lucha continúa, compañeros, y la historia está de nuestro lado.