El Teatro Real salda su deuda histórica de 102 años con Puccini y estrena 'Manon Lescaut'
El Teatro Real de Madrid inaugura su nueva temporada el próximo 23 de septiembre con la ópera Manon Lescaut, de Giacomo Puccini. Se ofrecerán 13 funciones hasta el 11 de octubre. Esta obra, que fue un rotundo éxito desde su estreno en Turín el 1 de febrero de 1893, regresa al coliseo madrileño después de más de un siglo de ausencia, un olvido que el director artístico del Real, Joan Matabosch, califica de «incomprensible».
Manon Lescaut se estrenó en Madrid en noviembre de 1893, apenas nueve meses después de su debut en Italia. Sin embargo, han pasado 102 años sin que el Teatro Real la haya vuelto a programar, y casi 50 si se contabilizan las representaciones en el Teatro de la Zarzuela en 1978. «Inaugurar la temporada con Manon Lescaut es algo que el Real le debía a Puccini para mitigar un olvido tan imperdonable durante tantísimos años», ha afirmado Matabosch, quien considera esta ópera como «una de las más bellas y populares de Puccini» y «su consagración como sucesor de Verdi».
Una coproducción con la ópera de Colonia
El nuevo montaje es una coproducción del Teatro Real con la ópera de Colonia, donde se estrenó el año pasado. La dirección de escena corre a cargo de Carlos Wagner, quien no tiene relación de parentesco con el célebre compositor. En el foso estará el director de orquesta honorífico del Teatro Real, Nicola Luisotti. La escenografía es de Frank Philipp Schlößmann y el vestuario de Jon Morrell.
La trama: pasiones humanas y crítica social
Manon Lescaut narra la historia de una joven bella pero indecisa que abandona a su humilde amante, el estudiante Des Grieux, por una vida de lujo con el rico aristócrata Geronte di Ravoir, arrastrada por su vanidad y por su hermano, más interesado en sacar provecho de ella. Cuando decide huir con Des Grieux, es sorprendida robando las joyas de Geronte y condenada a la deportación a Luisiana. Des Grieux la sigue hasta el Nuevo Mundo, donde ella muere en sus brazos en un desierto cerca de Nueva Orleans.
La ópera se basa en la novela homónima del siglo XVIII escrita por el abate Prévost. Mientras que la novela original tenía un propósito moralizante, Puccini pone el foco en el drama de las pasiones humanas. Antes que Puccini, otros tres compositores habían adaptado la novela: Auber (1865), Ponchielli (1872) y Jules Massenet (1884). Cuando le preguntaron a Puccini por qué quería hacer otra ópera si la de Massenet había sido un éxito, respondió: «siendo Manon una chica tan ligera, podía tener más de un amante».
Un montaje que traslada la acción a los años 40
Carlos Wagner ha trasladado la acción a los años 40 del siglo XX, inspirándose en el neorrealismo italiano de Ossessione, de Visconti, y reconoce ecos de Eyes Wide Shut, de Kubrick. Por su parte, Luisotti ha explicado que se trata de una ópera «casi wagneriana» que exige «cantantes con una gran voz», ya que la partitura está escrita «usando todos los instrumentos» casi en todo momento. Los cantantes deben «atravesar el muro de sonido de la orquesta» para llegar al público.
El elenco: voces de primer nivel
Los papeles protagonistas se los repartirán las sopranos Sondra Radvanovsky y Saioa Hernández, que se alternan como Manon Lescaut, y Michael Fabiano y Jorge de León como Renato Des Grieux. Lucas Meachem y Szymon Mechlinski rotarán como Lescaut, el hermano de Manon; Alejandro y Albert Casals serán Edmondo. Completan el elenco Pietro Spagnoli, Mercedes Gancedo, Javier Franco, Javier Castañeda y Mikeldi Atxalandabaso.
La soprano estadounidense Sondra Radvanovsky ha explicado cómo encarna las emociones de su personaje, basándose en dos consejos que le dio William Friedkin, director de La niña del exorcista, cuando colaboró con él en Suor Angelica. «Me dijo que los ensayos estaban precisamente para comprobar hasta dónde podías llegar con la expresión de las emociones sin que estas estrangulen tu canto». Y de ahí deriva su segunda máxima: «Mi trabajo no es sentir, sino hacer que vosotros, el público, sintáis».
Un libreto caótico y un tiovivo simbólico
La escritura del libreto fue «un jaleo tremendo», en palabras de Matabosch, porque intervinieron hasta siete autores debido a desacuerdos y cambios constantes. Entre ellos, participaron Ruggiero Leoncavallo, Domenico Oliva, Marco Praga y el propio compositor. El resultado es un conjunto de viñetas extraídas de la novela original, por lo que seguir la trama puede resultar «muy complicado».
Para dar unidad al conjunto, Carlos Wagner ideó un elemento escénico central: un tiovivo que en el segundo acto se desprende de sus caballos, dejando postes desnudos donde tendrá lugar un espectáculo de pole dance para los invitados de Geronte. En el tercer acto, esos postes se duplican para formar los barrotes de la cárcel de Manon. En el cuarto acto, desaparece, dejando «un gran vacío» que simboliza el final trágico.
Comparando las óperas de Massenet y Puccini, Luisotti ha explicado que la primera refleja mejor el texto original, mientras que la segunda refleja mejor las pasiones humanas. «Cuando vemos la de Massenet, salimos diciendo que hemos visto una ópera bonita; cuando vemos la de Puccini, salimos destrozados».